Un rostro, el de Nina (Patricia López Arnaiz), refleja neones de azul eléctrico mientras se adentra en la oscuridad enfundada en una gabardina negra bajo la que reluce un vestido rojo, y asciende con decisión por una calle, que bajo la lluvia parece un río. Un río que parece tratar de remontar, superar la corriente, como un salmón, para volver a su origen, al principio de todo...



