Park Chan-wook vuelve a su senda original, tras el desvío americano, alterando las proporciones de sexo y violencia, pero manteniendo los elementos bizarros de tensión y algo de terror que caracterizan su cine. Inspirándose en las ilustraciones ukiyo-e (grabados en madera) y los libros de shunga (que representan imágenes y textos eróticos), éstas parecen tomar vida en un complejo entramado audiovisual y narrativo sobre la dominación, la represión y el deseo...